Real World (2003) Natsuo Kirino

Siguiendo la excelente línea de «Out» y «Grotesque» (que en realidad se escribió después de «Real World» pero se tradujo más tarde al inglés), Natsuo Kirino utiliza otra narración orientada al crimen para hablar de la sociedad y la naturaleza humana, entre otras cosas.

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El libro comienza con el sonido de un cristal rompiéndose, que Yoshiko Yamanaka, alias Ninna Hori, escucha desde la casa de al lado en los suburbios de Tokio en la que vive, la cual está habitada por una familia de tres miembros, entre los que se encuentra un niño al que ha llegado a llamar Worm. Poco después, la madre del niño aparece muerta y él ha desaparecido, con la policía pisándole los talones. Los acontecimientos conmocionan a Yoshiko, pero pronto empiezan a afectar a sus tres amigas, la inteligente y serena Terauchi, la varonil Yuzan y la «Barbie» Haru, que acaban relacionándose, de una forma u otra, con el fugitivo. La historia se desarrolla a través de las sucesivas narraciones de los cinco protagonistas, que hablan de sus interacciones con el chico, pero también presentan sus pensamientos sobre ellos mismos y el resto de sus amigos. A medida que se desarrollan los capítulos, se revelan algunos de sus secretos: Yuzan intenta ocultar su orientación sexual, Haru tiene una vida nocturna secreta, y las otras dos, a pesar de su comportamiento aparentemente equilibrado, se enfrentan a problemas familiares y personales. Worm, por su parte, se encuentra en un camino de guerra que no lleva a ninguna parte, y no parece darse cuenta ni por asomo.

A través de sus historias, Kirino comenta una serie de «problemas a los que se enfrentaban los chicos en los años 2000», aunque la situación no parece haber cambiado mucho en la actualidad. La presión por entrar en una buena universidad y, posteriormente, por conseguir un buen trabajo, ha hecho que su vida como adolescentes sea una presión constante por parte de sus padres, y con una falta casi total de tiempo libre, ya que su tiempo se llena con las clases en el colegio, el empollamiento y el estudio, en un ciclo que no parece terminar. Sin embargo, la forma en que cada uno de ellos responde a esta presión difiere significativamente. Haru se acuesta con desconocidos y se va de «fiesta» todo lo que puede, Yuzan también tiene sus aventuras de vez en cuando, Yoshiko se ha creado una personalidad alternativa y Terauchi se ha ajustado plenamente a todas las «reglas», al menos aparentemente. Worm, por su parte, decide manejar la presión de la peor manera, lo que, sin embargo, intriga a los cuatro amigos, que se sienten atraídos por él de formas que ni siquiera pueden comprender.

El mundo que crea Kirino está habitado casi exclusivamente por niños, y los adultos sólo tienen un papel periférico, y sus acciones, al menos las individuales, tienen un impacto muy pequeño en los más jóvenes. Este mundo, sin embargo, no está lleno de alegría y jovialidad, siendo el retrato que la autora presenta bastante oscuro, pesimista y esencialmente desesperanzador, con el «Mundo Real» del título apuntando esencialmente a uno que la generación anterior creó y obligó a la actual a estar en él, con las peores consecuencias.

Al mismo tiempo, surge otro comentario central, el del hecho de que los padres no conocen a sus hijos, pero también que los adolescentes no se conocen a sí mismos, pero tampoco a sus amigos. Como cada una de las chicas proyecta un yo que quiere que el resto perciba de ella, pero al mismo tiempo no se da cuenta de lo transparente que es en realidad, se crea esencialmente un juego social en el que todos mienten, y por razones completamente inútiles. En un escenario así, el único que es real para sí mismo y para los demás parece ser Worm, un concepto, sin embargo, que añade aún más a la atmósfera pesimista y cruelmente realista que impregna la novela. El final, aunque sorprendente en varios niveles, consolida este enfoque general de la mejor manera, añadiendo aún más al impacto general del título.

El lenguaje de Kirino es sencillo, como suele ser el caso de su generación de escritoras, siendo el arte de abarcar nociones y comentarios realmente intrincados a través de esta sencillez una de las mejores bazas del libro. El minimalismo general, que despoja a la historia de cualquier tipo de embellecimiento innecesario, y que se presenta a través de oraciones en su mayoría cortas, permite que toda la historia, el análisis de los personajes y el contexto se desarrollen en sólo 208 páginas, y también contribuye a su legibilidad.

«Mundo real» es un gran libro que consigue ser fácil de leer, rico en contexto y bastante impactante en varios aspectos. Me sorprende que aún no haya sido adaptado al cine.

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