Grave of the Fireflies

La tumba de las luciérnagas (1988) de Isao Takahata

«¿Por qué las luciérnagas tienen que morir tan pronto?»

Aunque las obras de su colega Hayao Miyazaki siguen siendo las más populares dentro de la producción del Studio Ghibli en la década de los ochenta, quizá sean los largometrajes de Isao Takahata los que dejen un mayor impacto en el espectador. Uno de los largometrajes más famosos del director en esa época es «La tumba de las luciérnagas», una película basada en el relato corto del escritor Akiyuki Nosaka, que trata del trauma de la Segunda Guerra Mundial, vivido por un joven y su hermana, que intentan sobrevivir en esos tiempos difíciles. Mientras que una gran parte del público percibía que la animación estaba dirigida en gran medida a un público más joven, Takahata consiguió hacer una película muy adulta, sobre el vínculo entre dos hermanos, así como la pérdida y la protección de la infancia y la inocencia.

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En 1945, Seita, un adolescente, vive con su hermana menor Setsuko y su familia en Kobe. Después de un ataque aéreo, su madre muere debido a las graves quemaduras que sufre su cuerpo, dejando a Seita a cargo de su hermana, mientras que su padre, un oficial de la marina, sigue en el mar luchando contra las fuerzas aliadas. Por el momento, se las arreglan para quedarse con su tía, y Seita decide no contarle a su hermana la muerte de su madre, en un intento de protegerla de la crueldad de la guerra y del dolor que experimenta. Al igual que sus otros parientes, Setsuko hace todo lo posible para tratar de sobrevivir, reuniendo las pocas provisiones que les quedan y vendiendo lo que les sobra para tener algo de arroz para su hermana y para él.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y se hace más difícil para la familia, su tía se enfrenta a Seita por lo que ella percibe como pereza y por no cumplir con su deber para con la nación. Como sus discusiones ponen a prueba su relación, Seita y Setsuko abandonan la casa de su tía para ir a un refugio antibombas abandonado en las cercanías, donde finalmente deciden vivir. En las semanas siguientes, el adolescente se da cuenta de que ya no puede proteger a su hermana de la guerra y la enfermedad, ya que ella se debilita por la falta de comida y bebida limpias.

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En el centro, «La tumba de las luciérnagas» combina una historia bélica con un drama de madurez. La relación entre hermano y hermana sirve de agudo contraste entre la inocencia y las ganas de vivir de Setsuko y la creciente responsabilidad de Seita de cuidar de ella y de convertirse en adulto en tan sólo unos días. Aunque Takahata podría haber optado por el enfoque melodramático, creando así una película meramente lacrimógena, su largometraje, al igual que el cuento, destaca el valor de la inocencia en una época en la que este ideal parece haber perdido valor o se ha abandonado en favor de la supervivencia. Al igual que en otras películas bélicas, concretamente en «Ven y verás» de Elem Klimov o en «La infancia de Iván» de Andrei Tarkovsky, el sacrificio de los inocentes tiene como resultado la verdadera pérdida de humanidad, algo que Takahata subraya a lo largo de su película, haciendo que las escenas entre los dos hermanos sean muy especiales, cariñosas y, en ocasiones, bastante duras de ver.

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Mientras tanto, también se plantea la cuestión de a qué conduce esta pérdida de inocencia, y qué tipo de nación viene después. Aunque la historia de los hermanos está siempre en primer plano, Takahata también muestra el tipo de trauma de los tiempos de gran escasez, cuando la comida, el refugio, el agua potable y también la compasión escaseaban. Esto es especialmente cierto en el caso de la relación de Seita, Setsuko y su tía, que cambia con el paso del tiempo, lo que da lugar a la injusta acusación de que el adolescente no cumple con su deber para con la nación. El hecho de que ella les niegue a ambos la comida (que Seita ha pagado, vendiendo los kimonos de su madre fallecida) subraya aún más un punto que parece ir más allá del drama familiar.

Aparte de sus temas, «La tumba de las luciérnagas» es también todo un logro artístico, ya que la animación y el diseño de los personajes apoyan bastante bien la historia. Especialmente el bombardeo de Kobe al principio del largometraje es una escena muy intensa, y aunque no contiene ninguna imagen gráfica, muestra claramente la cantidad de destrucción y pérdida, convirtiendo estas imágenes en una metáfora del tipo de sentimientos que probablemente experimentan Seita y muchos otros supervivientes. Además, la banda sonora del compositor Michio Mamiya se ajusta bastante bien al tono y a los temas, sin resultar demasiado melodramática o molesta.

En definitiva, «La tumba de las luciérnagas» es una conmovedora historia de guerra y un drama de madurez sobre la pérdida, el trauma y la inocencia. Isao Takahata ha creado un largometraje cuya imagen y personajes dejarán huella en el público, especialmente por su núcleo emocional y su comprometido mensaje antibélico.